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La influencia en Europa. Tintín

TintínEl desarrollo del cómic en los EEUU durante los años treinta tuvo repercusiones muy importantes en la Europa prebélica. El cómic humorístico creó buenas tiras en Inglaterra, “Jane” (1932) de Norman Pett y en la Alemania nazi, por ejemplo, “Padre e hijo”de E.O. Plauen, (ver imagen), que desarrollaba historias jocosas y sin palabras protagonizadas por un caballero orondo y pequeño burgués y su travieso hijo. El cómic de aventuras era arquetipo perfecto de exaltación del hombre fascista, por ello, tuvo un desarrollo fuerte en la Italia de Mussolini con “Dick Fulmine” (1938) y en España, con “Juan Centella” o “Roberto Alcázar y Pedrín”(1940), en donde el protagonista tenía un parecido importante en Primo de Rivera (en conversaciones posteriores con el autor Vañó desmintió categóricamente esta afirmación asemejando la figura del personaje a su aspecto en su juventud y negando cualquier inspiración fascista).

Pero donde mayor trascendencia tuvo esta influencia fue en un dibujante belga llamado Georges Prosper Remi, alias Hergé. En noviembre de 1929 es nombrado director del suplemento semanal del Petit Vingtiéme en el cual, el 10 de Enero de 1929 arranca la primera historia de Tintín llamada “Tintín en el País de los Soviets”. La influencia recibida por los diversos autores ha sido muy manifiesta, su formidable capacidad de extraer lo más valioso de cada uno hace identificable cada elemento pero nos impide separarlo de su obra. La fuerte presencia de George McManus (Bringing up father) a través de Saint Hogan se percibe en la claridez narrativa, la simplificación y el gusto por el gag; de Sydney Smith, lo épico, la creación de la aventura con pequeñas dosis de amor, el gusto por lo exótico así como la planificación de la acción así como Milton Caniff, que, paralelamente a la obra de éste, configura el personaje que le llevará a la fama, hablamos de un héroe rubio de aspecto aniñado, con color de pelo claro, cejas idénticas, sonrisa amplia, pantalones bombachos y un saludo de la misma forma que lo haría el héroe de Hergé todo ello, en “Terry and the pirates”.

Hergé desarrollará un estilo que, habitualmente, se ha denominado renacentista. Efectivamente, este dibujante franco-belga, buscará la documentación, el estudio de la perspectiva, el uso de los contornos bien delimitados, la primacía de la línea sobre el color o la intangibilidad de su grafismo, vehículos nunca antes aplicados a un cómic de aventuras. Por otra parte, Hergé aporta una superación de un ingenuismo estático, primitivo y una anulación de lo violento, de lo que distrae en función de la historia. Tintin en AmericaPero si algo debemos destacar sobre lo demás, eso debe ser los “fuera de texto”, la habilidad de Hergé de colocar grandes viñetas donde hay apenas diálogo, los utiliza para la “escena”, para el momento espectacular, para las muchedumbres describiéndonos con detalle escenas que no podrían ser contadas con palabras o en viñetas pequeñas.

El estilo de Hergé no será uniforme a lo largo de la década, su primera obra, ya nombrada, denota un abuso de los gags con el suspense al final de cada página y de la “s” como postura de los personajes. En las siguientes aventuras irá desarrollando una más perfecta ambientación, un progresivo abandono de las sombras, irá incorporando un uso de la línea cinética y dinámica hasta cimentar un sólido dibujo con un color y decorados muy trabajados en 1938 con “El Cetro de Ottokar”.

No podemos dejar de hablar de Tintín sin aludir a valoraciones sociopolíticas que acompañan la trayectoria de todas sus aventuras. Ubicándonos en la década de los años ´30, estas valoraciones se tornan reaccionarias. En “Tintín en el País de los Soviets” de 1929, Hergé nos muestra una Rusia sucia y hambrienta con largas colas de gente que esperan un mendrugo de pan que sólo dan los “comunistas” del Partido, votaciones con pistola en mano o ficticias industrias de decorado que enseñan a los comunistas ingleses. Estas muestras han sido explicadas por los tintínologos como encargo a Hergé del abad Norbert Wallez perteneciente a un diario de extrema derecha. Pero en la siguiente, “Tintín en el Congo” (1930), muestra a un Tintín aclamado por indígenas tratados al modo de niños grandes e inocentes en el Congo colonial de Leopoldo II. Se burla del mito capitalista en “Tintín en América” (1931) como podría hacerlo un americano, sin ninguna trascendencia más allá del gag. Carga contra la ocupación japonesa de Manchuria en “El loto azul” (1934) y se desmarca del fascismo en “El Cetro de Ottokar”(1938). Pese a todo esto, las aventuras desarrolladas a partir de la Segunda Guerra Mundial son más dudosas.

Las posibilidades expresivas que deja abiertas Hergé son muy importantes de cara al cómic de posguerra y a lo largo de la década de los ´60, cuando el revisionismo cultural ataque su obra de forma estética e ideológica, convirtiéndose en la alternativa a las nuevas proposiciones. Será el impulsor del, denominado, “estilo de la línea clara” que tendrá su apogeo a partir de los años ´50 con los “Estudios Hergé” que incluirán a autores como Bob de Moor, Jacques Martin o Roger Leloup, colaborando, a su vez, en las historias de éste. En 1984, se publicará en Madrid el “Manifiesto del Nuevo Renacentismo” a cargo de J. E. D´Ors en un intento de volver a los planteamientos iniciados por Hergé.