Dylan Horrocks:
el genio de las antípodas
(Entrevista realizada por Oscar Gual para La Guia del Cómic.com)
Guía del Cómic: Todavía eres un artista
desconocido para la mayoría de los lectores españoles de cómics. Trataremos de
presentarte. ¿Cómo describirías tu trabajo como historietista?
¿Cuáles son tus principales influencias?
Dylan Horrocks: Mis influencias son
demasiadas como para tratar de redactar una lista completa. El asunto está en
que yo crecí leyendo tebeos por todos lados. A mi padre siempre le han gustado,
así que nuestra casa estaba llena de cómics, desde los del pato Donald de Carl Barks o los Peanuts de Schulz hasta las reediciones de los cómics del Capitán Marvel de los años cuarenta, pasando por los álbumes de
Tintín y Astérix y algún número suelto de la revista Pilote.
Y por supuesto Robert Crumb. Todas estas cosas se
introdujeron en mi pequeña mente extraña (al parecer mis primeras palabras
fueron "Donald Duck")
junto con material que yo había conseguido por mi parte: Sgt.
Rock, 2000 AD, Jack
Kirby, etc. Aunque en realidad fue también mi padre
quién me acercó al Cerebus de Dave Sim, al Spirit
de Will Eisner, al Amphigorey de Edward Gorey, a todo tipo de lecturas. Es un buen padre.
Al pasar los años he absorbido muchas influencias diversas. Pero las últimas y
mas fuertes, creo, son probablemente Tintín de Hergé, Peanuts, Robert Crumb, Moomins de Tove Jansson …
Esos son los cómics y los libros a los que acudo una y otra vez cuando necesito
refrescar mi alma. Recientemente he quedado bastante impactado con Roy Crane, Howard Gray, Chester
Brown, David B., Blutch, Baudoin,
los ilustradores de libros infantiles como Tibor Gergeley
y los elegantes tebeos románticos de la década de 1950 (Carmine
Infantino, John Romita, etc.).
GdC: Tus trabajos más
importantes son Hicksville y Atlas. Empezaremos con el primero.
El crítico americano Chris Conroy
escribió que Hicksville "no puede ser leído por alguien que no
coma, viva y respire historieta". En cierto sentido tiene razón pero creo
que Hicksville no es sólo una declaración de amor hacia el cómic, sino
también hacia el arte en general y los artistas. ¿Tú que crees?
DH: Siempre pensé que Hicksville probablemente sólo tenía
sentido para aquella gente obsesionada con los cómics, hasta que empecé a oír a
gente que había regalado copias a sus amigos, sus familiares, sus mujeres, a
gente que no lee tebeos. Y a esa gente les encantó. Ahora pienso que, aunque
para mí Hicksville es un poema de amor dedicado al cómic y a la creación
de cómics, la materia que yo he estado explorando y alabando es extensible a
todo el arte. De todo ello me di cuenta cuando un director de cine neozelandés
me propuso hacer una película basada en Hicksville, pensé un tiempo
sobre ello y finalmente llegué a la conclusión de que la mejor adaptación
cinematográfica posible era hacer una historia similar pero acerca del cine.
Lógicamente la historia hubiera necesitado un cambio profundo pero los temas
soterrados hubieran permanecido.
Supongo que ocurre lo
mismo con el hecho de que Hicksville esté ambientada en mi patria, en
Nueva Zelanda. Los lectores neozelandeses viven el libro como ningún otro puede
hacerlo, sin embargo he hablado también con lectores de todo el mundo que encuentran
esa visión de Nueva Zelanda interesante y gratificante. Todo en cualquier
expresión escrita puede leerse simultáneamente de manera literal o
metafóricamente. Y en Hicksville ambos, Nueva Zelanda y los cómics,
pueden entenderse como metáforas de mundos "marginales", que son
ricos y significativos para aquel que vive dentro, pero gran parte de ellos
sigue invisible para el resto.
GdC: La revista española U
eligió Hicksville como uno de los mejores cómics de la década de los
noventa, y, por supuesto, fue excelentemente recibido por la crítica
especializada americana. Con estos antecedentes ¿podemos afirmar que esta obra
es tu revelación?
DH: Vaya, no conocía esa
excelente reseña por parte de U. Ciertamente Hicksville ha sido
muy bien recibida; mucho más de lo que yo jamás hubiera imaginado. Todavía me
arrugo cuando me fijo en gran parte del apartado gráfico (cuya calidad crece y
palidece a lo largo de los siete años que me costó dibujar esta maldita cosa).
Pero en cierto sentido es cierto que Hicksville ha supuesto mi
revelación, mi epifanía. El núcleo de la historia todavía me da escalofríos
cuando pienso en él, igual que la primera vez. Inmediatamente me di cuenta de
que aquella era una gran historia, una especie de mito
GdC: ¿Qué nos puedes contar
acerca de Atlas? ¿Estás trabajando actualmente en el segundo número?
DH: Si. Atlas es
ahora mi nueva serie regular, está siendo publicada por Drawn
& Quarterly en Canadá. Este segundo número
rondará las cien páginas, es una mezcla de temas, incluyendo la serialización de una nueva saga épica (ejem),
una especie de secuela de Hicksville. La historia del título, Atlas,
es primordialmente la vida de Emil Kopen, el dibujante de Cornucopia que conocimos brevemente
en Hicksville, desde 1914 hasta el presente. A lo largo del relato
hablaremos de historia, de política, de cómics, de cartografía, mis temas
favoritos. Con el tiempo será una historia muy larga, probablemente unas buenas
1000 páginas o por ahí.
Claro que hay otros asuntos en los que estoy trabajando, por ejemplo una novela
gráfica erótica para Top Shelf,
una serie de historietas que exploran la historia y el paisaje de fantasía de
los juegos de rol (ya sabes, Dragones y Mazmorras y ese clase de cosas),
de todo un poco. Y mi "trabajo de día" por el momento son los guiones
para algunas series de DC, Hunter: The age of magic, para Vértigo
algo sobre Batgirl, aparte de otras cosas.
GdC: En este sentido ¿como
es tu relación con la industria americana? ¿Puedes describirnos tu trabajo para
DC?
DH: Es difícil trabajar para
el mainstream americano. Al principio pensé que sería
una manera sencilla y divertida de pagar las facturas, mientras dejaba para mi
tiempo libre mis propios cómics. Pero en la práctica es mucho más duro de lo
que esperaba. He tenido que aprender toda una nueva manera de relacionarme con
la historieta: trabajo en equipo (o producción en línea), con rígidas fechas de
entrega, con supervisión editorial. Por vez primera en mi vida produje una
serie de tebeos de los que no estaba orgulloso. Todo ello resultó duro durante
un año o así. Todavía me enfrento a determinadas cosas, incluyendo el dilema de
si aceptar o no trabajar para la industria. Pero he aprendido mucho acerca de
la industria y acerca de mí mismo. ¡Y gracias a Dios pago las facturas! Una
parte del trabajo era muy divertida, y después de dos años finalmente he
ajustado cuentas con el medio y estoy contento de lo que Richard Case y yo
hemos hecho en Hunter: The age of magic. Ahora estoy
escribiendo sobre Batgirl, lo cual resulta
sorprendentemente entretenido y tengo un par de proyectos más en camino. Pero
sigue siendo un dilema constante, impidiéndome hacer otras cosas y absorbiendo
mi tiempo y mi energía mental.
GdC: Has colaborado también
en proyectos multitudinarios, muy destacados, como Comix
2000, 9/11 o Bizarro. ¿Cuales son las diferencias entre
ellos? ¿Cómo se desarrollaron y cuales fueron tus experiencias?
DH: Bueno, supongo que
todas ellas fueron grandes antologías. Comix
2000 fue algo a lo que no me pude resistir a estar involucrado. Pero tengo
sentimientos opuestos respecto a los cómics sin palabras, así que en lugar de
intentar hacer una pantomima pictórica, me propuse incluir esa ambivalencia en
el núcleo de mi historia. Por aquel entonces estaba buscando información acerca
del Holocausto y descubrí una faceta del Holocausto precisamente como un acto
de silenciamiento: la erradicación de una lengua, de una cultura y de ahí que
muchos escritores, historiadores y supervivientes se mostraran incapaces de
hablar frente a ello. Todo ello llegó a ser el tema de mi historia. El cómic en
sí, Comix 2000, me resultó fascinante.
Lo leí desde la portada hasta la contraportada en una quincena. Había
historietas asombrosas, especialmente de los colaboradores japoneses y
escandinavos. También pienso que fue un gran proceso de estudio acerca de la
estructura formal del cómic, pues allí coexistían diversas variaciones de las
mismas herramientas visuales y narrativas, realmente interesante.
Bizarro fue una experiencia diferente. Fue un trabajo que coordinó Joey Cavalieri para DC. La idea
era que una serie de dibujantes "alternativos" dieran su versión de
los superhéroes del Universo DC. Una vez más el resultado me pareció un
interesante análisis del medio. Hubo algunos problemas debido al nerviosismo de
DC respecto al proyecto ya que algunas de las visiones de los artistas
seleccionados no coincidían con las de la editorial, se buscaba una lectura
infantil y no un cómic underground. Pero estuvo
bastante bien; si todos los cómics DC fueran como ese yo sería el fan más
entregado jamás visto.
9/11 fue otro libro
fascinante. La primera vez que me propusieron colaborar en un proyecto similar
fui muy cauteloso. La última cosa que quería hacer en la conmemoración del 11
de septiembre era cubrirme con la bandera americana y toda esa mierda.
Sospechaba que esos libros benéficos iban a estar repletos de superhéroes
llorosos hablando de venganza, y en gran medida fue así. Pero cuando hablé con
Diana Schutz de Dark Horse para contribuir en su proyecto ("sin personajes
conocidos, sin xenofobia, sin racismo o patriotería", etc.) me sentí mucho
más feliz de hacerlo. El libro de Dark Horse acabó siendo muy diverso, muy inteligente y muy
humano, en contraste con el de DC que me parece ofensivo. En él, por ejemplo,
había una historia de Stan Lee en la que los árabes
estaban presentados como sucios ratones (¡sabandijas!) que América debía
exterminar… ¡Es como si la historia que narra Spiegelman
en Maus no hubiera ocurrido nunca! ¡Joder! De
cualquier manera, y respecto a mi historieta, estuve angustiado hasta que
finalmente conseguí acabar mis dos páginas tituladas 10/7, la fecha en
que EEUU empezó a bombardear Afganistán. Mi historia es bastante opaca,
supongo, pero lo más importante es que busca expresar el crecimiento de la
ansiedad y el malestar. Es una historia real, de hecho describe algo que
ocurrió aquel día, cuando estábamos en la playa y yo estaba trepando por los
acantilados rocosos, tratando de encontrar a mi mujer y a mi hijo, mientras la
marea crecía.
GdC: La editorial francesa L'Association contactó contigo para el proyecto de Comix 2000 y más adelante editaron Hicksville
en Francia. Ellos son sin duda unos enamorados de la historieta. ¿Qué opinas de
su trabajo? ¿Conoces a artistas como David B., Joann Sfar o Lewis Trondheim?
DH: Si, si. Recibí
propuestas de otros dos editores franceses para editar Hicksville en su
país, pero L'Association fue mi primera elección,
simplemente porque admiro lo que están haciendo desde principios de los
noventa. Me encanta el trabajo de David B. y estoy emocionado con la edición en
inglés de La Ascensión del Gran Mal (traducida como Epileptic).
Es muy difícil que los cómics franceses lleguen aquí, a Nueva Zelanda, pero
hace unos años, cuando viajé a Europa, compré todos los libros de L'Association, de Cornelius, etc., que pude encontrar. Y
fue como si me inyectaran una dosis de energía, entusiasmo e innovación.
Bastantes dibujantes americanos de mi generación están siendo influidos
profundamente por el trabajo de esta "nouvelle
vague". Jessica Abel, Matt Maden,
Craig Thompson, Tom Hart,... se inspiran en gente
como Blutch, Baudoin, David
B., Trondheim, etc.

GdC: Y ahora dos preguntas
obligadas. Primera, ¿qué conoces de la historieta española?
DH: Ahora que estoy empezando
a relacionarme con la industria española, me doy cuenta de que no la conozco
tanto como me gustaría, espero ponerme al día rápidamente. Por supuesto conozco
a la gente que ha tenido cierto impacto en el panorama francés o en el
americano en los últimos años como Muñoz y Sampayo,
cuyo trabajo me encanta, Daniel Torres, Mariscal y Max.
Por otro lado he leído algunas antologías de gente que me las ha enviado, y que
muestran unas interesantes nuevas propuestas. El problema es que puedo leer en
inglés y en francés pero no en español, así que como mucho puedo hojear esas
antologías. Estoy intrigado por la historia del medio en España. La censura en
tiempos de Franco, la lucha contra la represión, la explosión algo punk de los
ochenta… aunque no sé si esta imagen se corresponde demasiado con la realidad.
De cualquier manera he de buscar la manera de conocerla mejor.
GdC: ¿Cuándo podremos leer alguno de tus trabajos en castellano?
DH: Bueno, existen planes
para hacer una edición española de Hicksville (probablemente en el 2003)
por parte de Ediciones Balboa. Es pronto para hablar pero en los últimos meses
he tenido diferentes contactos con editores españoles, así que pronto podréis
conocer algunas de mis historietas. Se publicarán algunas en los próximos números
de Buen Provecho. Visto lo visto me parece que tendré que empezar a
tomar clases de español…